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Archive for 30 octubre 2010

Cuando el fotógrafo James Mollison recibió el encargo de llevar a cabo un proyecto relacionado con el tema de los derechos de los niños y niñas en el mundo se puso a pensar en su propia infancia, en las cosas que entonces resultaban significativas para él. Recordó lo importante que era su dormitorio y cómo ese espacio reflejaba quién era y qué tenía. Ese fue el arranque del libro Where Children Sleep, recientemente publicado por Chris Boot.

De origen keniata aunque crecido en Inglaterra, Mollison ha elaborado esta visión sobre las desigualdades sociales en la infancia a través de 56 ejemplos de niños y niñas, mostrando sus retratos acompañados de una fotografía del lugar en que duermen.

El resultado habla por sí mismo.

 

Thais, 11 años. Río de Janeiro, Brasil.

 

Roathy, 8 años. Phnom Penh, Camboya

 

Dong, 9 años. Yunnan, China

 

Kaya, 4 años. Tokio, Japón

 

Tzvika, 9 años. Beitar Illit, asentamiento israelí en Palestina

 

Douha, 10 años. Campo de refugiados en Hebrón, Palestina

 

Extraradio de Roma, Italia

 

Jazmine, 4 años. Kentucky, EEUU

 

Nantio, 15 años. Miembro de la etnia Rendille, norte de Kenia

 

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En la sesión de fisioterapia de hoy M. ha estado haciendo ejercicio montada en una de esas mini-motos que se desplazan pateando en el suelo. Seguro que las conocéis porque están bastante de moda, al menos en nuestro pueblo. En casa tenemos una muy pequeñita con la que M. puede empujar facilmente apoyando toda la planta de los pies.

La que tenían esta mañana en rehabilitación era unos centímetros más alta, lo suficiente para que ella notara la diferencia. LLegaba al suelo solo con la puntita de los pies y avanzaba despacio, perdiendo el equilibrio. Ha estado a punto de caerse varias veces y cada una de ellas a mí se me tensaba todo el cuerpo y tenía que contenerme para no correr a sujetarla (unas veces asisto a las sesiones y otras no, hago según me digan).

Al final, la niña no ha querido continuar con la moto. Después de bajarla, la fisio se ha sentado con ella y ha estado explicándole lo siguiente:

– “Sabes una cosa, M.? Cuando yo era pequeñita como tú me caía un montón de veces. Y no pasa nada. Luego te vuelves a levantar y sigues con lo que estabas haciendo. Tienes que perder el miedo a caerte”-

Las palabras estaban dirigidas a la niña pero también a mí, claro. Luego me ha dicho:

-“También sería bueno que vosotras (la amatxo y yo) no tengais tanto miedo a que se caiga. Tiene que caerse”-

Joe, vaya lección, y qué razón tiene.

Me he quedado el resto del día sin poder quitármelo de la cabeza. Hasta qué punto transmito a mi hija mis propios miedos? Qué parte de su fragilidad es real y cual está en mi mirada? Es la fuerza muscular determinante al 100%? Cómo le influyen la confianza o el temor que sentimos hacia ella quienes la queremos? Quién es más débil, ella o yo?

Dejo aquí la reflexión, para no olvidarla y, como siempre, para seguir avanzando. Gracias por escuchar.

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Visca!

Ricitos de Oro ya va rumbo a Barcelona y nosotras, después de la despedida, estamos en ese momento de tránsito entre la vuelta a la rutina y el intento de sujetar fuerte los recuerdos y emociones de estos días para alargar todo lo posible el gustazo que ha sido tenerla aquí.

Me quedo con los paseos, las conversaciones, los libros y músicas intercambiados, nuestra visita al Chillida Leku, las cenas, el poder compartir mi nueva vida aquí y, sobre todo, que M. y ella hayan podido conocerse mejor y disfrutar la una de la otra.

La pequeñaja ha aprendido dos palabras nuevas e imprescindibles las dos: visca! y fora!.

Más cosas, mañana. Bona nit!


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Vaya semanita llevamos! M. está con otitis desde el domingo pasado y andamos como locas. La pobre lo pasa fatal, sobre todo por las noches. Y de rebote nosotras también, claro. Por suerte ayer ya no tuvo fiebre y esperamos que a partir de ahora la cosa vaya mejorando. Uf!

Dentro de un rato llega a nuestra guarida Ricitos de Oro, que viene desde Barcelona a pasar unos días con nosotras y no creo que actualice el blog antes del próximo martes. Hasta entonces!

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Igual que yo otras mamás blogueras y viciosas de la lectura también se preguntan cómo hacer para que  sus hijos descubran el placer que proporcionan los libros. Saborear una buena historia puede hacerse en muchos sitios: en la cama, en un tren, sentada en un banco… son algunos de mis favoritos. Pero al ver las siguientes propuestas me he dado cuenta de que cambiando algunas pequeñas cosas en casa M. tendría un acceso más fácil a sus cuentos y la posibilidad de disfrutarlos más a gusto, sola o acompañada.

Este rincón de lectura tan acogedor y luminoso lo encontré en Green is the new Black. Me gusta la idea de las estanterías casi a ras del suelo y los cojines tan mulliditos que parecen llamarte a gritos.

Meg es mamá de Finn (que nació casi a la vez que M.), diseñadora y autora del blog Sew Liberated. En el pasado se dedicó profesionalmente al mundo de la educación a través del método Montessori (más sobre él aquí) y ha organizado y distribuido su casa según esa filosofía, es decir, mirando el espacio con los ojos de un niño.

Respecto a lugares de lectura para su hijo se ha preocupado especialmente por la accesibilidad de los libros para que el crío pueda elegir el que quiera entre una selección que ella ha colocado ahí previamente y va cambiando cada cierto tiempo.  Finn tiene muebles a su medida para sentarse a mirar cuentos, de forma que no siempre necesita  la ayuda de un adulto. La autonomía y la capacidad de decisión son algunos de los valores que promueve el método Montessori. En esta sección de su blog es posible ver cómo lo aplica Meg en diferentes habitaciones de la casa.

En la sala, por ejemplo, hay un contenedor de libros hecho a mano y junto a él una mini-mecedora que se puede encontrar aquí.

Si os animáis a hacer el vuestro podéis seguir el tutorial que está aquí.

Junto a  librerías un poco más altas ha colocado unos pequeños escalones a los que Finn puede subirse e investigar qué se esconde ahí arriba.

 

Y ahora demos un paso más. Una gran zancada, más bien. Si sois tan afortunadas como Amanda Blake  -superestrella de la blogosfera con SouleMama– y vivís en una casa realmente enooorme podéis hacer como ella y convertir una de las estancias en biblioteca infantil. Sus cuatro hijos están encantados. Quién no lo estaría! Luz, color y espacio a raudales.

 

 

 

Aunque estamos felices con nuestra casa y nos parece gigante en comparación con los 48 metros cuadrados que teníamos en Barcelona, me temo que nosotras no podemos permitirnos ese lujo. Vamos de tanto en tanto a la biblioteca municipal, eso sí. En Ohdeedoh proponen buscar o hacer una bolsa especial para llevar y traer los libros de la biblioteca, con un bolsillo incorporado para meter el carnet y que no se pierda o se olvide. Algo así:

Preciosa. Además sirve para que los peques sepan lo importante que es que esos libros se cuiden de manera especial.

Y si aparte de leer quieren jugar a ser bibliotecarios, este kit será de gran ayuda para gestionar las entradas y salidas de sus cuentos.

Se llama Little Librarian y tiene todo lo que necesitan para etiquetar, organizar y prestar libros. Visto aquí.

Nada más por hoy, feliz lectura!


 

 

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Cuando el viernes fui a recoger a M. a la haur eskola una de las educadoras me explicó que la peque había pasado un mal día. Que había estado bastante triste, pidiendo que la cogieran en brazos y llorando cada dos por tres. También me dijo que había tenido un rifi-rafe con una de sus compañeras y que la otra le había mordido.

Atendí a mi hija que estaba encantada de verme y de que me la llevara a casa,  no le dí muchas vueltas a la conversación. Me parece normal que los críos se peleen entre ellos, que tengan compañeros que les gusten más y otros que les gusten menos, todo eso. Pero cuando por la tarde desnudé a M. para meterla en el baño casi me echo a llorar al ver las marcas que tenía en el brazo. Desde luego, aquello era un buen mordisco!

En esos momentos me invadieron de golpe un montón de sentimientos encontrados. Ante todo, las ganas de mimar y abrazar a mi chiquitina hasta el infinito. Pero luego también otras sensaciones que ya me rondaban de antes y que ante una situación así se pusieron en primer plano.

Dejamos a un lado el -políticamente incorrecto- deseo de venganza, vale?

Ya sé que esto son “cosas que pasan” a todos los críos. Pero M. es una niña físicamente más frágil que los otros de su edad, tiene menos fuerza muscular y dificultades para desplazarse y defender su espacio haciendo uso del cuerpo. Una parte de mí siempre tiene miedo de que le hagan daño, que le quiten los juguetes, que se caiga, que sufra y se sienta frustrada. Esa mamá quisiera hacer todo lo que esté en su mano para ser un escudo entre la peque y un mundo demasiado agresivo.

Otra parte de mí sabe a ciencia cierta que sobreprotegerla es una mala solución que puede impedir que M. busque, encuentre y desarrolle los recursos que ella tiene, que son muchos. El lenguaje, la capacidad de comunicarse, la expresividad. Y también el ritmo y el sentido musical. Estos son los que más me fascinan en estos momentos.

Además de una mamá temerosa también puedo ser una mamá confiada. Me ha costado colocarme en este punto pero creo plenamente en las capacidades de mi hija. Sé que ella encontrará su manera de llegar allí donde desee y nosotras haremos todo lo posible para ayudarla. Lo más difícil es cuando para permitirle crecer y avanzar en su camino tienes que retirarte. Dejar que se mida con los otros niños para que pueda conocer los límites de su cuerpo y desplegar otras estrategias a la hora de defender su territorio.

Encontrar la justa medida, esa es la cuestión. Colocarnos en un punto tal que ella sepa que siempre estaremos allí pero que le deje espacio suficiente como para llegar a no necesitarnos en muchos sentidos.

En esas estamos.

Feliz domingo y buen comienzo de semana!

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Tengo la impresión de que muchos de mis post empiezan con el parte meteorológico. Siento aburriros con estos detalles que probablemente no os interesan lo más mínimo pero es algo de lo que estamos muy pendientes porque condiciona los planes que podemos hacer con nuestra hija. Intentaré tenerlo en cuenta en el futuro aunque hoy no puedo contenerme.

Y es que hoy ha empezado el frío. Frío de verdad, vamos, que hasta hemos puesto la calefacción. Yo soy bastante friolera y cuando, estando en Barcelona, pensábamos en la posibilidad de venir a vivir aquí, una de mis condiciones era no escatimar en calefacción. Acostumbrada al clima mediterráneo ya me veía durmiendo con el forro polar encima del pijama.

Nuestra hija no parece sufrir las bajas temperaturas tanto como yo pero ya la estamos equipando con los básicos para el invierno. Uno de los complementos que más he visto ultimamente en las colecciones de moda infantil son los gorros y capuchas con orejitas y he seleccionado unos cuántos para mostrarlos aquí. Sea cual sea vuestro estilo y el de vuestra criatura la variedad es grande -desde cabezas de animalillos peludos a otras con todo el glamur del mundo- seguro que alguno os gusta.

Esta sudadera de peluche es muy parecida a una que tuvo M. el año pasado. Se la pusimos muchísimo y la verdad es que estaba para comérsela con capucha y todo. La podeis encontrar en la tienda y la web de Nobodinoz,  aquí.

El antepasado de este divertido pasamontañas debe ser una prenda de punto que me ponían a mí de pequeña a la que llamábamos “el buzo”. Caliente, si, pero picaba como para volverse loca. El de las fotos parece mucho más agradable al tacto. Lo encontré también en Nobodinoz y podéis verlo mejor aquí.

Un estilo completamente distinto son las capas que hace Barbara Barrada, para sofisticadas Caperucitas del siglo XXI. Estas son imágenes de su precioso blog les zigouis

Y qué mejor que unas buenas garras para combinar con las orejas? Los más pequeñitos se pueden permitir este conjunto visto en Inhabitat Shop.

Más allá de gorros, capuchas y pasamontañas hay otro concepto de prenda a la que han llamado, simplemente, head warmer (calienta cabeza). Es de la marca holandesa Buisjes En Beugels y está disponible aquí.

Esta preciosidad es obra de la portuguesa Inés Batista a quien he descubierto gracias al imprescindible Kireei.

Y para terminar, no puedo resistir la tentación de hablaros de Your kid sister, una artista que actúa ataviada con este gorro peludo. Me encanta su canción Poison, os animo a escucharla. Voz y acordeón, una melodía tan naif como la imágen de su autora.

Que disfrutéis el fin de semana!

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