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Archive for 30 agosto 2010

Infancias

Una de mis mayores pasiones es la lectura. Un placer poco sofisticado pero que requiere de ciertas condiciones mínimas de calma, silencio y claridad mental. Los primeros meses después de que naciera M. no pude leer dos páginas seguidas, ni ganas! Y hasta que dejé de darle el pecho no conseguí recuperar un poco el ritmo. Soy de esas lectoras ansiosas que mientras devoran lo que tienen entre manos ya están mirando de reojo los libros reservados en la mesilla para cuando terminen este.

Los dos últimos que he leído tienen la palabra “infancia” en su título. No me había dado cuenta hasta que los saqué del dormitorio y los puse en el montón destinado a “releer antes de guardar en la estantería correspondiente”. Además de ansiedad, con los libros tengo unas rutinas bastante maniáticas que los demás encuentran ridículas y para mí son importantísimas.

Uno es Boy (Relatos de infancia), de Roald Dahl -se supone que está dirigido a jóvenes adolescentes pero la verdad es que hago poco caso de ese tipo de clasificaciones- donde el autor cuenta algunas vivencias de cuando era niño. Sus recuerdos de las vacaciones familiares en Noruega me han hecho volver a pensar en las mías en Cádiz. Es una de las cosas que me gustaría poder ofrecerle a nuestra hija: esa sensación de verano y días infinitos con la familia, la luz, el viento, todas las cosas que estaban “como siempre” y nos permitían disfrutar y a veces hasta aburrirnos mucho.

El otro es Infancia, de J.M. Coetzee. Otro registro. Ni vacaciones ni luz para el niño sudafricano. Su relato está lleno de tensión violenta, de dolor y soledad.

Los dos coinciden sin embargo en una cosa que les marcó por igual: los azotes con varas de madera que recibieron en la escuela, un sistema de castigo que a principios del siglo XX no se ponía en cuestión.

En fin! Todas estas vueltas para contaros que de aquí a una semana M. irá por primera vez a la guardería, que se nos acabó este tiempo maravilloso las tres juntas y ahora toca empezar una etapa nueva.

Se nota que lo estoy llevando fatal?

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Avanzando a su ritmo

Mi hija va dos veces por semana a sesiones de fisioterapia. Trabajan con ella la fuerza y el equilibrio, sobre todo de sus tobillos y caderas que es lo que tiene más frágil. La llevamos al servicio de rehabilitación de un ambulatorio y estamos más que encantadas con el trato que le dan y también con los progresos que está haciendo nuestra peque. Es una gozada ver con qué cariño tratan las fisios a la gente que pasa por allí.

M. es la única niña de los que acuden a la sala (de momento solo he visto adultos) y la tienen en palmitas. El primer día se pasó la sesión entera llorando por el pánico que tiene a toda persona que vista con bata blanca. Pero su fisio es estupenda y en la primera media hora se la fue ganando poco a poco, con juegos, masajes y canciones. Da gusto saber que hay profesionales como ella.

A veces utilizan un hinchable que es como un cacahuete gigante sobre el que se monta M. para saltar apoyando los pies a los lados, o para rodar. Hemos descubierto que existe un juguete que se parece mucho, el caballito Rody. Parece que es un éxito en Japón y estamos pensando en comprarlo para que la peque pueda seguir cabalgando también en casa. Es muy chulo y original, ya veréis!

El caso es que en poco tiempo estamos viendo muchos avances en el desarrollo motor de M. Aunque va despacio, no deja de avanzar día a día y se nos cae la baba cada vez que la vemos desplazarse como un sapito por el pasillo de casa. Es nuestra super-heroína!

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Este fin de semana he leído en la revista dominical de El País un reportaje sobre las facilidades que hay en Noruega para ser madre que me ha hecho morir de envidia. Ahí van algunos ejemplos: disfrutan de un entorno social que respeta y protege la lactancia materna, tienen permisos de maternidad de hasta 56 semanas (prácticamente dos años!) con un 80% del sueldo y 10 semanas por paternidad, plaza de guardería garantizada para quien quiera acceder a ella, ayuda de 120 euros al mes por cada hijo, etc, etc.

Una de las cosas que me parece más increíble es que hayan conseguido hacer que empleo y crianza sean compatibles. Nada más lejos de nuestra realidad. A mi alrededor lo más normal es tener que priorizar una de las dos cosas e ir haciendo ajustes para poder seguir adelante. La mayoría de las veces resulta muy difícil llevar a cabo los dos proyectos de manera equilibrada aunque se intenta conseguir ese objetivo a costa de un gran esfuerzo personal y de las familias.

En nuestro caso nos organizamos de forma que yo pueda dedicarle más atención a M. y para que eso sea así mi compañera trabaja más horas, de manera que el tiempo que ella puede pasar con nuestra hija es menor. Quizás en el futuro cambiaremos el puesto. O a lo mejor, si tenemos suerte, nos resultará posible no tener que renunciar a nada y ambas podamos dedicarnos de manera plena tanto a nuestra vida profesional como a la crianza de M.

Parece que una de las claves de Noruega es que existe una gran responsabilidad social respecto a estos temas. La conciliación entre vida laboral y vida familiar es posible porque la sociedad en su conjunto está implicada. No se trata de una cuestión que afecte de manera privada a cada madre o a cada familia en su situación concreta sino de algo a lo que se da prioridad en todos los ámbitos sea político, cultural (en el sentido de concienciación y mentalidad) o de empresa. Gracias a eso no se conciben jornadas de trabajo más allá de las 4 de la tarde o pueden quedarse en casa a cuidar de un bebé enfermo hasta 20 días al año.

No estaría mal hacer un viajecito y comprobar todos esos datos sobre el terreno. Mientras tanto, seguiremos siendo felices equilibristas.

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Nunca digas nunca jamás

Porque las cosas cambian, la vida te lleva por caminos insospechados y de pronto te ves haciendo todo aquello que antes de tener hijos criticabas con soberbia y desconocimiento absoluto.

Aquí tenéis una muestra de frases que pronuncié o pensé en el pasado y seguro no volveré a repetir. Todas empiezan con un:

Cuando tenga hijos…

  • no iré a pasar la tarde a un centro comercial, por mucho que llueva.
  • no descuidaré mi aspecto personal.
  • no haré el ridículo -cantar, bailar, gesticular, todo a la vez- con la cuchara en la mano para conseguir que la niña abra la boca y se coma el puré.
  • no me derrumbaré por la noche delante de la tele para tragarme lo que sea que pongan antes de caer rendida.
  • no llamaré más de una vez a la persona que cuida del bebé cuando mi pareja y yo salgamos (por fin!) un rato a solas.
  • no dejaré de estar al día de las cosas que me gustan y me interesan: cine, literatura, música, política, moda, etc.
  • no discutiremos ni tendremos conversaciones absurdas del tipo:

Madre A: “La niña tiene frío, ponle una chaqueta”.

Madre B: “No, la niña tiene calor, la dejo así”,

repitiendo el argumento hasta el infinito.

  • no dejaré a los amigos con la palabra en la boca colgados del teléfono mientras grito apresurada: “Aaay! Quesemehacaidolaniña! Tetengoquedejar, ya hablaremos”.

Os ha ocurrido algo parecido?

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Mi deseo de ser madre comenzó a tomar forma poco después de cumplir los 30, primero de forma tímida y luego alimentado por montañas de energía y ternura acumulada. Fue durante ese proceso y después, durante el embarazo de mi hija,  cuando me convertí en asidua lectora de blogs: blogs sobre crianza, blogs de mamás lesbianas como nosotras, blogs de mamás creativas, de mamás viajeras… La verdad es que mi experiencia de la maternidad está ligada a estos espacios, que me han acompañado desde que empecé a pensar en mí misma como posible mamá. Sin embargo, y aunque siempre anduve fantaseando con la idea de hacerlo, nunca me atreví a abrir uno. Hasta ahora!

Antes de que naciera nuestra pequeñita escuchamos en muchas ocasiones el típico comentario sobre lo mucho que te cambian la vida los hijos. Aunque creíamos estar preparadas y dispuestas a adaptarnos a esos cambios la verdad es que no teníamos ni idea de qué supondrían en nuestras vidas.

M. nació el 7 de mayo de 2009. Cuando rompí aguas el Barça acababa de marcar al Chelsea el gol que le llevaría a la final de la Liga de Campeones y las calles de Barcelona rebosaban de gente eufórica. No somos futboleras pero con el Barça tenemos un no-se-qué especial, sí.

Luego las cosas se nos pusieron difíciles porque la cría llegó con una hipotonía (debilidad muscular) marcada y pasamos casi un año de pruebas y terrible incertidumbre hasta saber que tiene una enfermedad muscular. Hoy por hoy seguimos una intensa rutina de visitas médicas pero aún no tenemos un diagnóstico del todo claro. La vida de la peque es como la de cualquier bebé de su edad con la diferencia de que su desarrollo motor va más lento de lo habitual.

Desde entonces han pasado 15 meses y sigo en periodo de adaptación. Cuando parece que voy cogiendo el ritmo ya está cambiando por otro y si consigo aprender cómo afrontar ciertas cosas enseguida aparecen unas diferentes que no sé cómo manejar. Pero así es la vida en realidad, no? Para víctimas del perfeccionismo y amantes de la organización la maternidad supone todo un reto, os lo digo yo. Por otro lado, M. me sorprende todos los días con algo nuevo, me fascina su capacidad para disfrutar de cada momento presente como si fuera el único y por tanto el mejor.

Tal y como lo veo no fue el hecho de parir a M. lo que me convirtió en su mamá sino más bien una sucesión de momentos, un proceso profundo y cotidiano donde cada paso me va enseñando a colocarme en este nuevo lugar.

Y esto no se para!

Queda oficialmente inaugurado el blog, bienvenidos!

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